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Divergencias en el Frente Popular

Y aquí estáis anclados,
Sindicalistas,
Comunistas,
Anarquistas,
Socialistas,
Trotskistas,
Republicanos de Izquierda...
Aquí estáis anclados,
custodiando la rapiña,
para que no se la lleve vuestro hermano.
La curva histórica del aristócrata, desde su origen popular y heroico hasta su última
degeneración actual, cubre en España más de tres siglos.
La del burgués, setenta años.
Y la vuestra, tres semanas.
León Felipe, La insignia
Juan Negrín y Manuel Azaña visitan el frente en noviembre de 1937



Las divisiones en el Frente Popular, especialmente en la zona de Cartagena, se hicieron bien patentes en marzo de 1939, pero ya existían en 1936 e incluso antes de que empezara la guerra. El golpe de Estado franquista del 18 de julio de 1936 desencadenó el enfrentamiento entre la legalidad republicana de la preguerra y la llamada "Revolución Española", cuya base ideológica era el anarcosindicalismo y el comunismo libertario,  caracterizada por "su anticlericalismo en lo religioso, su cantonalismo y horizontalismo en lo administrativo, su racionalismo en la educación y el colectivismo autogestionario en lo económico".

En Febrero de 1936, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones y los primeros intentos de la derecha de dar un golpe de fuerza contra la legalidad democrática, el presidente del República y quien sería jefe del bando republicano durante la Guerra Civil, deja clara su posición: "El Frente Popular es lo que es y lo que nosotros queramos que sea, no lo que quieran los demás. No es la revolución social, ni es la labor de entronizamiento del comunismo en España, no es eso; es otra cosa más fácil, más llana, más inmediata y más hacedera: es la reinstauración de la República en su Constitución y en los partidos republicanos, en los que la creamos, en los que la defendemos y estamos dispuestos a seguirla defendiendo y a crearla todos los días". Manuel Azaña


El médico unionense Antonio Ros, concejal de la corporación de Cartagena, amigo de Carmen Conde y Antonio Oliver, novelista destacado de la Generación del 27 y miembro  de la Universidad Popular y del Ateneo, fue un gran defensor de la legalidad republicana


En julio de 1936 son bien visibles en Cartagena, dos posiciones diferentes dentro de las filas republicanas: "por una parte la defendida por aquellos que como Alejandro del Castillo otorgan un apoyo firme a los socialistas, y por otra parte los del grupo político cercano a Antonio Ros, enfrentados desde siempre con aquellos y defensores de la justicia y la legalidad republicana por encima de todo”.  Francisco Franco Fernández, República, guerra y exilio. Antonio Ros y la generación del 27. Cartagena, Ed. Aglaya, 2005

Los Sucesos de Mayo, enfrentamientos ocurridos en el seno del bando republicano entre el 3 y el 8 de mayo de 1937 especialmente en Cataluña, marcan otro punto clave en las divergencias. En estos sucesos se enfrentaron, por un lado, grupos anarquistas y trotskistas partidarios de la revolución permanente, y por otro lado,  el Gobierno de la República, la Generalidad de Cataluña y algunos grupos políticos, en particular, socialistas y comunistas. El oscuro caso de Andreu Nim (fundador de la trotskista Izquierda Comunista de España y luego del Partido Obrero de Unificación Marxista) , secuestrado y asesinado, posiblemente torturado, creador de los Tribunales Populares y acusado de hacer la vista gorda a las ejecuciones extrajudiciales, sigue aún hoy sin esclarecerse.

Pero, volviendo a Cartagena, Franco Fernández recoge el proceso de alejamiento del grupo moderado y legalista, con la expulsión de la vida municipal de Casimiro y Severino Bonmatí, críticos con “el ostracismo y menosprecio sistemático al que estaban sometidos los católicos practicantes, por parte del círculo político encabezado por los socialistas Amancio Muñoz y Jesús López Lorente, al que Antonio Ros calificó años más tarde de un siniestro peluquero socialista, semianalfabeto y vesánico que, durante una revuelta se impregnó las manos de sangre con horrendo frenesí”. 

La radicalización de la política municipal  frentepopulista en Cartagena semanas antes del golpe militar franquista se había llevado por delante a gran parte de la opción republicana moderada, tradicional detentadora del poder de la Corporación cartagenera desde 1931, especialmente con el nombramiento de López Lorente como primer teniente de alcalde y presidente del FP local, al que el republicanista Antonio Ros consideraba "el más nefasto de los políticos cartageneros”

El punto álgido de los conflictos en el seno del Frente Popular murciano se alcanzó con los controvertidos sucesos de Cartagena de marzo de 1939, semanas antes del final de la contienda militar. El avance imparable de las tropas nacionales, y las perennes disputas ideológicas y estratégicas sobre Guerra y Revolución, propiciaron la ruptura de la coalición frentepopulista. ... esta crisis nació cuando ciertos sectores militares y políticos cartageneros, conscientes del punto central en el que ahora se encontraba su comarca, decidieron sumarse a la creciente corriente de opinión en contra de la línea política marcada por los comunistas-socialistas de Díaz y Álvarez del Vayo. Un sector puramente militar, liderado por Vicente Ramírez, Jefe del Estado mayor mixto, y Norberto Morell, Jefe del Arsenal, proponía la exclusiva actuación antiNegrín y anticomunista ... otro sector cívico-militar ponía en contacto a distintas personalidades militares y sociales deseosas de un cambio de rumbo bien cercano a las tesis anteriores, bien a la rendición a la fuerzas militares. Este sector estuvo capitaneado por la llamada asociación del Socorro blanco, organización clandestina que apoyaba a los presos derechistas y a sus familias, dirigida por el odontólogo Antonio Bermejo, y apoyada por el sargento exfrentepopulista Calixto Molina, el inspector de policía Antonio Bueno, el director de la Caja de Ahorros Monte de Piedad Antonio Ramos Carratalá y el delegado de hacienda Sánchez Rosique.

Entre el 5 y el 6 de marzo de 1939 "los militares republicanos Armentía, José Cascales, Molina y Arturo Espá, se unieron decididamente al cambio ya gestado en Madrid... La sustitución del dubitativo Carlos Bernal por el adepto comunista Francisco Galán al frente de la Jefatura de la Base naval, unió temporalmente a los distintos grupos disidentes, que la noche del día cinco tomaron los principales centros militares y detuvieron a Galán y sus seguidores... El verdadero lenguaje de la Revolución. Violencia y represión en la Murcia republicana [1934-1939]. Sergio Fernández Riquelme