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XII. Carmen Conde: En la Cartagena del Cantón


 Carmen Conde y Antonio Oliver en una exposición de la Universidad Popular de Cartagena, en abril de 1936. Patronato Carmen Conde - Antonio Oliver




"En la Cartagena del Cantón" es el título de artículo publicado por Carmen Conde en el diario La Tierra pocos días después del golpe militar, el 26 de julio de 1936, que resulta muy clarificador sobre el pensamiento y el espíritu republicano​ y sus símbolos, y en el que la autora muestra su enorme dolor por tantas ilusiones truncadas de un plumazo.

"Todas las manos abiertas de los enemigos de la República caben holgadamente dentro del puño gigantesco del pueblo consciente. Acabamos de medir esta posibilidad y la evidencia, con un extraordinario derrame de sangre española. Porque española, pero de la vieja España de pandereta, de la España que hizo decir a la copla: «Si habla mal de España, es español...», es la sangre de las manos abiertas con tan hermoso signo de paz aparente; abiertas como los indios americanos las abren para dar símbolo de su amistad, y que en Europa, la agonizante Europa, está siendo signo fatídico de guerra; de guerra con los hermanos del pueblo. En Cartagena, ciudad leal, ponderada, con historia cantonal que en vano se quiso olvidar pero que vive heroicamente entre sus hijos, apenas si ha pasado la sublevación; es decir más claramente: casi no ha habido sublevación. Y no la hubo porque el pueblo ha estado alerta, vivo, despiertísimo, en la calle; y cuando un pueblo está en la calle, entero, vital, alegremente decidido a morir por salvarse, ¿qué reacción por muy notable que fuere, podría hacerle fracasar en su empeño de salud? Cartagena no ha dormido, sino que con unos ojos grandes como su campo llano​, vigila lo que pasa entre los que quisieron perderla. Más allá de Cartagena también están los nuestros, los de aquí, impidiendo a la reacción triunfar; y de esos hombres que vibrando heroísmo y abnegación corren hacia las manos abiertas en manojo de traición para encerrarlas en el puño inmenso del pueblo fuerte, ya van llegando los muertos; ya el día 24 de un julio inolvidable para ​todos, llegó​ ​uno a los brazos alzados y a los ojos sombríos de lágrimas del pueblo: ese muchacho valiente de la​ ​C. N. T., que con su ojo destrozado, su cara deshecha, su pecho roto, y los débiles, los sufridos hilos​ ​de sus venas quebradas por amor a la libertad del proletariado, ha caído trizado por la metralla que​ ​por Dios y por España vomitan ​los​ fusiles y cañones de los facciosos.

Cartagena fue la única base naval que quedó bajo control de la República tras el golpe, y la última ciudad en ser ocupada por el ejército sublevado, el 31 de marzo de 1939

¡Por Dios, que es horrible ver la​ muerte entre hombre​s que nacieron​ para amarse​! ¡Y por España, que​ e​s la patria de todos, que es espantoso ver el suelo hermoso de la nación​ en pesadilla de locura, lleno​ de v​ísceras, de sangre, de almas como flores pisoteadas por caballos​ desbocados, de los cuerpos sanos​ y jóvenes de tantos y tantos hombres​ nacidos para ayudarse a vivir​ y que por afán de dominio, de poderío​ de unos pocos (demasiados,​ sin embargo, para el corazón), arden​ la guerra maldita que durante​ tantísimos años es la sombra civil​ de la patria!


El Hospital de Caridad bombardeado. Cartagena Histórica

Locos por recuerdos del tiempo​ en que el pueblo nada pedía porque​ nada sabía, esos pobres hombres​ ​que ahora son nuestros ​enemigos pero que crecieron a la par​ nuestra, cerca de nuestra misma infancia,​ de nuestra juventud, para​ tornarse un día en nuestros enemigos​ eternos, en nuestros matadores​ y en nuestras víctimas, se levantaron​ para restaurar un viejo imperio​ que murió por roñoso y por putrefacto,​ y acometer la empresa absurda​ de inaugurar en España la​ dictadura capitalista, ​m​ilitarista,​ ​fascista; que vemos con dolor tantos​ seres jóvenes, y que ven con​ envidia tantos viejos de cuerpo y​ de espíritu. No quiere el pueblo español​ más cosas europeas; Europa​ está en la agonía, no es de ​Europa​ de donde las generacion​es futuras habrán de tomar alimen​to ​​intelectual ni espiritual, ​m​uch​ísimo menos​ social; s​í, será de Asia, de África,​ de India otra vez de d​onde el tiempo​ ​futuro alimentará sus ojos ávidos;​ y esas horribles dictaduras​ europeas, con su falso cortejo del​ ​que se deslum​braron nuestros rebeldes​ españoles, no puede satisfacer​ ​al pueblo que duele hartazgo​ de siglos de injus​ticia, de incomprensión,​ y que hace cinco años​ que espera de su República un porvenir​ distinto al que constituyeron las podridas monarquías. Todo eso​ lo han olvidado los que nos ​enseñaban sus manos abiertas burlándose​ de los puños cerrados de nuestro​ pueblo y en las manos que pregonaban a simple ​vista amistad,​ colgaron la ​traición más negra a​ fin de que el PODER (¡qué vergonzoso​ ideal humano!) fuera suyo, y​ que bajo ese poder anhelosamente​ ​deseado gimiera otra vez el pueblo​ que ellos creen insultar llamándole​ ​marxista, comunista, como si eso​ fuera malo, feo, ​inhumano, persiguiendo​ ​como persigue la paz, la​ ​satisfacción de los tristes, de los​ ​pobres, ​en contra de lo que sabemos​ cierto​ -opresión, miseria, persecución-​ ​si ellos, los rebeldes​ triunfaran. Si se mira a ​Rusia, no​ ​es para merecer odio; se mira tan​ ​lejos,​ a Asia, porque aquí, en Europa,​ todo ​está deshecho, podrido,​ hundido; dígalo,​ ​si no esta sublevación​ armada de nuestro nefasto militarismo del​ siglo XIX, de​l militarismo que no compa​rte con ninguna otra​ actividad mental la actividad del​ brazo armado; en Europa el pueblo español no encuentra nada ​​que merezca su atención, y ha mirado con​ esperanza a Rusia porque Rusia ​se le aparece como la representación​ del esfuerzo más enorme del ​p​ueblo en favor de su libertad total.​ Mirar a Rusia no es un pecado,​ hermanos que hoy sois nuestros​ ​ene​migo más cruentos, porque​ cuando el hombre va en busca de​ su felicidad y la felicidad de los suyos​, es la mano protectora la que se le debe tender y nunca el fusil para impedirle su paso; una mano protectora puede desviar amorosamente​ si el camino emprendido tiene​ ​orillas ​d​​añinas, pero un fusil​ solo consigue que otro ​fusil se le​ alce enfrente y ya quede, en definiva,​ en pie uno de los dos; en este​ caso, el pueblo es el que quedará​ erguido; porque el pueblo tiene la​ razón, porque el pueblo tiene la​ voz de Dios, porque el pueblo tiene​ la voz ​de España.

Fotografía aérea de Cartagena el 16 de junio de 1936, un mes antes del golpe de Estado. Academia General del Aire de San Javier

Pero yo he decir aqu​í que en estos​ espantosos d​ías de la sublevación​ facciosa, mi corazón​ está lleno de dolor por todos, absolutamente​ por todos los hombres caldos; que​ a m​í ​me duelen ​e​xtraordinariamente​ esos cadáveres de obreros, de​ milicianos, de soldados, de los que​ ​fueron a defender al pueblo, pero​ que me duelen también muchísimo​ aquellos que van cayendo ante los míos, porque son españoles como nosotros​, y porque son jóvenes y​ equivocados. ¡Qué gran España habríamos​ hecho todos unidos! Y qué​ hermosa España están destruyendo​ los que ​ofenden y los que se defienden;​ la patria llena de siglos de hermosura, la patria llena de monumentos, la patria llena de campos que hoy lloran bajo las bombas que los secarán para mucho tiempo! Es una inmensa crisis de amor la que sufre el mundo y, singularmente, Europa; y en este caso, España; una crisis de amor que hay que remediar inmediatemente, apenas las armas vuelvan a su descano, porque sin amor, sin estar todos unidos en la obra magnifica de​ ​mejorar la humanidad l​l​evando​ ​al pueblo oprimido pero ya libre,​ ​ya fuer​​te, ya compacto como su​ ​puño en bandera de afirmación,​ solamente tendremos guerra, dolor,​ ​persecución armada, caza de hombres,​ ​sangre en las calles, y este​ ​dolor sin fin, sin límites, que está​ ​en todos los pechos de los que​ ​contemplamos la lucha con la fiebre​ ardiente, pues no sabemos sentir​ ​odio hacia ​los rebeldes sino que​ ​les consideramos equivocados, desahora sangrienta que nos pertenece. Y así debemos quererlo ​las mujeres, así debemos trabajarlo las mujeres; todas, sin excepción; que son madres las mujeres míseras, llenas de hambre; y son madres​ las mujeres de clase mitad y mitad; y son madres esas pobres mujeres ricas que no han impedido con su​s entrañas que sus hijos vayan a sembrar de cadáveres la patria por tenerlas siempre más altas que las demás mujeres del pueblo. Esta​ guerra no la han impedido las mujeres​ ricas, sino que quizá la han​ provocado; y es deber ​nuestro arrancar semillas de odio de los​ pechos hijos, para que sea cierto de​ una vez que somos hermanos.​ ​

Cartagena bombardeada. Cartagena Histórica

Pero todo eso vendrá dentro de​ poco. Ahora hay que seguir en pie​ firme en la lucha. Enterrando nuestros​ muertos, sí, nuestros muertos,​ que aún hay mujeres en Cartagena​ que preguntan a las mujeres republicanas:​ ​"¿Esos muertos que dice​ la radio, son de ustedes?​"... olvidando​ que los hombres son, sin excepción,​ ​de todas las mujeres; y​ ​que los muertos nuestros son tambi​én suyos, como nuestros son los​ de ellas. Hay más hombres de aquí​ que enterrar; hombres todos los​ que​ 'vienen, muertos a traición, fea​ pegada de los que eran depositarios del ​honor de España. A todos hay​ que llevarlos a la​ tierra con nuestros​ brazos como compaña. Y después​ que estén dentro del seno que​ a todos nos contendrá, volver los​ ojos al porvenir con esperanza de​ que estos hechos nefastos no vuelvan​ a repetirse jamás.

Porque ellos vuelvan (volverán,​ yo lo espero del amor de las mujeres​ ​que a su lado ​estuvieron enardeciéndoles​ insensatamente y que​ ​hoy lloran su error) de su acuerdo​ calmándose en sus deseos de mando​ en contra del pueblo, y porque​ nosotros, todos nosotros estemos ​con los ojos tan abiertos que no crezca una hoja en los árboles, ni​ un césped en el campo sin que lo​ veamos crecer!

El bosque de puños que vimos​ ​alzarse en la plaza del Ayuntamiento​ en torno del primer llegado​ ​de la lucha, vencido por la traición,​ ornado de sus inic​i​ales como de​ más puños amigos, es capaz, ya lo​ ​vemos, de apresar dentro de sus​ dedos todas las manos abiertas,​ ​todas las manos alzadas de los hoy​ ​enemigos. Pues dentro de un puño​ cerrado en un brazo alto como un​ árbol, está, ¡nadie lo vuelva a olvidar!,​ la voluntad de España.

Pero nadie se desprenda del dolor​ por los que han caído, sean​ hermanos o sean hermanastros. Es​ ​preciso remediar también heroicamente,​ ​esa horrible crisis de amor​ que es el veneno de Europa la vieja,​ la fracasada, la verdaderamente​ facciosa.

CARMEN CONDE DE OLIVER​ 

Carmen Conde retratada por su amiga, la artista argentina Norah Borges (hermana de Jorge Luis Borges y esposa del poeta Guillermo de Torre)* en Cartagena, 1934. Patronato Carmen Conde - Antonio Oliver

*Norah Borges y Guillermo de Torre tenían gran amistad con Carmen Conde y Antonio Oliver por lo que visitaron Cartagena en 1934.


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