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A modo de prólogo



He aquí una parte de la historia que nadie supo o quiso contarme sobre Ángel Rojas Veiga, mi abuelo republicano. ¡Republicano!, puedo exclamar con orgullo tras años de dudas, desconocimiento, malas interpretaciones, sospechas infundadas, engaños, vergüenzas..., pero siempre con el presentimiento de que algo no encajaba. 

"Las palabras de los mayores entran en el oído de los mayores, pero se quedan flotando en el aire de una habitación hasta mezclarse con la luz en la memoria de los niños. Las palabras, los nombres, las historias de familia, los olores del desayuno que se ha preparado en la cocina, los ruidos de la calle forman parte del suelo sobre el que se aprende a andar".  Luis García Montero, Mañana no será lo que dios quiera.


Esta es una parte de la historia que ha estado a punto de quedar oculta, como tantos cuerpos enterrados en las cunetas del franquismo, si no hubiera sido porque, poco antes de quedar derruida mi vieja casa familiar, aparecieron tres sombras de esperanza: una fotografía, una carta y un articulo de prensa.

¡Republicano!
"Cuando tenía yo seis o siete añitos, recuerdo como esa palabra mágica me producía curiosidad, sí, era curioso para mí ver como mi abuela, mi madre, vecinos, conocidos y alguna que otra persona mayor, cuando esta palabra se pronunciaba en la casa me decían 'niño corre a ...' Yo a las dos o tres veces de escuchar aquello entendí que allí se hablaba de cosas interesantes de mayores. Y a mi eso me ponía y como bien podía metía la oreja y me las apañaba para empaparme de todo". (Antonio Criado Barbero. Republicanos, ¿por qué?)

Como no me gustan los libros cerrados, no soy historiador, sería un malísimo biógrafo y un pésimo novelista, me dispongo a contarla de esta forma, más periodística, más abierta y mucho más sencilla: un blog donde enlazar, reproducir, citar,  combinar, cambiar, ampliar, mezclar datos, corregir errores... No podría decir con precisión en qué momento nació y, menos aún, cuándo acabará, pero sí que lo escribo por necesidad. "Yo no escribo por amor, sino por desasosiego. Escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo", diría Saramago. La escribo porque me niego a aceptar la versión oficial, porque no me gusta cómo los "vencedores de la guerra" han manipulado la Historia para su propaganda y  pervivencia. . "La Historia la escriben los vencedores", decía George Orwell, en una frase que algún historiador atribuyó erróneamente a Winston Churchill, y que a base de reproducir unos y otros ha quedado casi perpetuado el error. Luego alguien completó la idea: "La Historia la escriben los vencedores, pero el tiempo da voz a los vencidos". Y más aún: "La Historia la escriben los vencedores. El que pierde, lo pierde todo, incluso las razones que alegaba para empuñar las armas. Pero lentamente, en la medida de lo posible, se va abriendo paso la voz de los derrotados. Las nuevas generaciones se han encontrado con una verdad establecida por los vencedores, y se preguntan, también, si es justo ignorar el punto de vista que tenían los 'otros', los derrotados, los que recitaron ciega y heroicamente la lección de su aprendizaje para morir". O la esperanzadora Almudena Grandes en Inés y la alegría: "La Historia con mayúscula la escriben siempre los vencedores, pero su versión no tiene por qué ser eterna".

Ya lo había predicho Manuel Azaña en junio de 1937: "Se tejerá una historia oficial para los vencedores y acaso una antihistoria, no menos oficial, para los proscritos".

La escasez de fuentes primarias, las contradicciones e inexactitudes de las fuentes historiográficas y la mencionada manipulación interesada por el franquismo han dificultado enormemente este trabajo. 

Sobre la manipulación franquista y la nula veracidad de su Causa General me encuentro, ya cuando tengo muy avanzado este trabajo, con el libro El desplome de la República (Contrastes), de Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez, que ya en su introducción advierte sobre lo que yo había sospechado: "ES TÓPICO SEÑALAR QUE la historia la escriben los vencedores. En contra de lo que, a simple vista, pudiera parecer, también fue éste el caso en España. La dictadura impuso a lo largo de casi cuarenta años interpretaciones coriáceas. La historia de la guerra civil que algunos autores extranjeros empezaron a escribir en el pasado siglo sólo penetró en España con dificultades... Hoy muchos de los mitos y fantasías en que se especializó la literatura franquista están desautorizados y su inanidad suficientemente demostrada. Otra cosa es que ello haya calado en el gran público sometido a una intoxicación mediática que alimenta en ciertos círculos el deseo de no querer saber mucho acerca de un pasado que no termina de pasar".

Mi trabajo, que ha pretendido basarse en datos y hechos contrastados, ha intentado penetrar en la vida y en la situación de aquellos oscuros años, pero -pese a mi formación periodística y haber separado los hechos de las opiniones y conjeturas- no deja de ser mi propia interpretación, parcial y subjetiva. "El problema es que tendemos a pensar que la historia consiste en eso, en comprobar hechos. Y la historia no es eso, son las interpretaciones de esos hechos y las relaciones que establecemos entre ellos", dice  el escritor y periodista lucense Miguel-Anxo Murado.


Eterno agradecimiento a Miguel Hernández, a Carmen Conde, a Antonio Oliver Belmás, a Manuel Más Gilabert, a José Altimir...,  quienes convivieron con mi abuelo, por abrirme los ojos, por ayudarme a recuperar a quien Franco me impidió conocer. 

Mi agradecimiento también para las autoras y autores que me han dado luz sobre la realidad de aquellos años en España y especialmente en Cartagena: Manuel Martínez Pastor, Carmen González Martínez, Juan Martínez Leal, Luis Romero, Ángel Viñas,  Fernando Hernández Sánchez...

Gracias a Carmen Muruais Conde, quien desde Galicia me ha proporcionado valiosísima información sobre la familia Rojas Veiga.

Y gracias a las hemerotecas, a las publicaciones periódicas y a las personas periodistas que redactaron las noticias, siempre mis mejores y más fiables fuentes: las verdaderas autoras del blog.

"El pasado ilumina un lugar, un rincón, dispone los acontecimientos y las situaciones vividas como puntos de ciudades importantes en un mapa, como las líneas de una frontera, como la silueta de una montaña. Cada dato, cada hecho que se recupera, queda envuelto por un territorio inmenso, sin nombres, en el que se disuelven miles de acontecimientos, miles de rostros, sombras que tejen el bosque espeso de la oscuridad y el olvido". Mañana no será lo que Dios quiera, Luis García Montero